
Cada idea que ayudamos a hacer realidad.




Primera sala inmersiva permanente de Argentina
Hay edificios que ya cuentan una historia antes de que entremos. El antiguo Palacio de Correos, proyectado por Norbert-Auguste Maillart e inaugurado en 1928, fue durante décadas el lugar por donde pasaban las cartas de todo el país. Hoy es Monumento Histórico Nacional y uno de los centros culturales más grandes de América Latina: más de 100.000 metros cuadrados dedicados a la música, las artes visuales y las nuevas tecnologías. Dentro de ese palacio, la Sala Inmersiva es otro tipo de espacio. No tiene un frente ni un escenario. El público entra y la imagen lo rodea: proyección envolvente en 360 grados y sonido espacial que convierten la sala en un paisaje, un taller, un puerto o un cuento. La sala forma parte del programa de Arte y Tecnología del Palacio y se pensó como un escenario que puede cambiar de piel. Por ella pasaron las escenas portuarias de Quinquela Martín, el universo de El Principito, el camino de Manuelita, la pampa cósmica de Pérez Celis y el taller de Pinocho. Cada experiencia es distinta, pero todas tienen la misma promesa: que el espectador no mire la obra desde afuera, sino que la habite. Es una sala de entrada libre, pensada para chicos y grandes, en el corazón de un edificio que siempre estuvo hecho para conectar personas.









